Muchas veces nos limitamos a nosotros mismos al vivir de acuerdo con los condicionamientos culturales que hemos recibido de la familia, los amigos y el resto de la sociedad.
Esgrimimos los juicios que nos inculcan sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto y lo que no lo es, y un sinfín de cosas más, sin detenernos a pensar realmente por nuestra cuenta. Estos juicios pueden interferir en nuestra capacidad de ver las cosas como son.
La cuestión es: ¿cómo podemos usar nuestras facultades críticas innatas de una manera productiva y que no nos cause estrés?
Durante los más de treinta años que llevo trabajando con el Juego Interior, me he centrado únicamente en tres principios de aprendizaje. Estos principios son simples pero fundamentales para avanzar en la vida.
Se trata de CEC:
1) Conciencia.
2) Elección.
3) Confianza.
Vamos a examinar estos principios. Cada uno es parte de un todo que nos permite llevar a cabo los cambios deseados, aprender e incluso desaprender.
(Timothy Gallwey – Libro: El juego interior del estrés)
Bienvenidos una semana más al este espectacular blog de resolución de conflictos internos, de conciencia y todo lo que tenga que ver con potenciar la mentalidad humana. Esta semana me gustaría escribir sobre el estrés por tercera vez y profundizar en algunas preguntas sobre ello que me han resultado muy interesantes de leer. Este artículo y esta información sale directamente de uno de los apéndices finales del libro «El juego interior del estrés» que vimos hasta hace nada en el grupo de Whats App de Mentalidad poderosa del Club de Lectura 2023.
Así que os dejo que os deleitéis con esta maravilla de información gracias al creador del coaching: Timothy Gallwey.
El cerebro percibe una amenaza y alerta a la amígdala o al hipocampo, que junto con el hipotálamo, estimulan al sistema nervioso simpático, la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales (localizadas sobre los riñones).
El efecto es la producción de las hormonas básicas del estrés, la adrenalina y la cortisona.
Como resultado de esta actividad hormonal, aumentan la frecuencia cardiaca y la presión sanguínea, y la sangre se dirige principalmente a los músculos. Todo esto es en preparación para la lucha o la huida.
Si se produce una reacción de parálisis, ocurre lo contrario: la presión sanguínea y la frecuencia cardiaca disminuyen. El sistema digestivo también interviene.
El cuerpo entiende que se trata de una situación de vida o muerte y no hay tiempo para digerir la comida. Por eso desactiva el proceso digestivo, reduciendo el flujo sanguíneo y disminuyendo las enzimas digestivas y la saliva. El sistema inmunitario se contrae y se hace menos activo. Las funciones sexuales y reproductivas también disminuyen durante periodos de estrés crónico.
El cuerpo es muy inteligente. Sabe qué tiene que hacer para reaccionar ante una crisis temporal. Pero esta actividad se supone que debe tener una duración muy corta. Si la reacción de estrés continúa y se hace crónica, lo que era una actividad protectora se vuelve perjudicial.
¿CÓMO SÉ SI ME ESTÁ AFECTANDO EL ESTRÉS?
La mayoría de la gente puede sentir cuándo se encuentra bajo estrés. Ven situaciones que son difíciles para ellos y para las que no hallan soluciones fáciles. Pueden sentir cómo sus cuerpos se ven afectados por el estado de incertidumbre que están experimentando.
El sistema del estrés se activa automáticamente, sin posibilidad de elección. Si estás en una situación estresante, como por ejemplo sentado en la sala de reconocimiento esperando a que venga el médico, la respiración se te acelera y comienzas a transpirar, especialmente por las axilas. ¿Por qué? En previsión de la posible amenaza de lo que el médico te hará o te dirá, se liberan las hormonas del estrés y te preparas para luchar o huir.
El cuerpo, previendo que crearás mucho calor durante la lucha o la huida, está produciendo ya sudor para enfriarte.
¿POR QUÉ ME SIENTO MAL CUANDO TENGO ESTRÉS?
Tu cerebro inconscientemente interpreta muchas situaciones sencillas como amenazas a tu existencia, por ejemplo una desavenencia con tu pareja, un hijo comportándose mal, o incluso pensamientos sobre ti mismo o sobre algo distinto.
Todos estos factores estresantes pueden poner en marcha la misma reacción de estrés de la que los animales dependen para sobrevivir a ataques mortales.
Los seres humanos por lo general no luchan ni huyen, por eso la activación crónica del sistema del estrés provoca una acumulación de hormonas de estrés que causa que la función básica de mantenimiento de la salud quede en estado de espera.
Los sistemas inmunitario, digestivo, reproductivo y hormonal reducen su actividad al mínimo mientras el cuerpo se tensa para luchar por su vida.
Puedes imaginar que un desequilibrio químico de este calibre te hará sentir mal y causará muchos síntomas.
Debido al malestar, la gente trata de sentirse bien usando sustancias como cigarrillos, alcohol, cafeína, comida, azúcar, medicamentos o drogas, lo cual, por supuesto, solo empeora las cosas.
Según el doctor Phil W. Gold, antiguo director de psiconeuroendocrinología del Instituto Nacional de Salud Mental, el sistema del estrés está ligado a las emociones. Las amenazas, la frustración de las necesidades y el dolor desencadenan este sistema.
Es posible ignorar las emociones negativas porque no le vemos una salida al estrés o porque nos han enseñado a «tragárnoslas».
Podemos racionalizar por qué deberíamos ignorar el malestar. Desgraciadamente, mientras nos sintamos mal y el sistema del estrés permanezca activo, experimentaremos consecuencias físicas, mentales, emocionales y sociales.
¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS DEL ESTRÉS CRÓNICO?
El estrés crónico puede afectar a cualquier aspecto del cuerpo. Entre los síntomas se cuentan tensión en los músculos –especialmente en la base del cuello–, perturbaciones digestivas, dolores de cabeza, menstruación irregular, palpitaciones, dolores en el pecho, irritabilidad, baja actividad sexual, deterioro de la capacidad intelectual, erupciones cutáneas, trastornos del sueño y cansancio.
Aparte de esto, también puede empeorar cualquier enfermedad subyacente, entre ellas diabetes, hipertensión, artritis e infecciones, por citar solo algunas.
Además, la persona que experimenta estrés tiene tendencia a desatender el cuidado de sí misma, lo que a su vez intensifica estos problemas.
PERO ¿NO NECESITAMOS LA RESPUESTA LUCHA-HUIDA-PARÁLISIS PARA SOBREVIVIR? ¿EL ESTRÉS NO ES BUENO A VECES?
En la mayoría de las ocasiones los catalizadores de la reacción de estrés en los seres humanos no son situaciones que pongan en peligro la vida.
Los peores miedos, frustraciones y dolor son provocados prácticamente en su totalidad por nuestro creador de estrés interno, y en estos casos las respuestas de lucha, huida y parálisis no nos sirven.
A. T. Simeons, alumno del pionero del estrés Hans Selye, escribió en 1961:
«La reacción lucha-huida es un mecanismo anticuado que no ha evolucionado a la par del desarrollo de la mente humana».
Por supuesto, el sistema del estrés tiene su razón de ser. Si estás inmerso en una actividad difícil, como bajar esquiando por una pendiente o hablar en público, se activará y te ayudará a prepararte para el desafío. Tu visión y tu pensamiento se volverán más claros. Tu cuerpo se preparará para lo que se espera de él. O si te encuentras en una situación que verdaderamente pone en peligro tu vida, como un incendio doméstico, el sistema del estrés movilizará rápidamente tus recursos para salvarte la vida.
En estas situaciones el estrés es bueno, pero se trata de un porcentaje mínimo de los factores estresantes con los que nos enfrentamos. Tan pronto como el estrés se vuelve crónico y persistente, el desequilibrio bioquímico a que da lugar interfiere en la salud, el rendimiento y la claridad mental.
¿EL ESTRÉS PUEDE PROVOCAR UNA ENFERMEDAD?
Está claro que el estrés abre la puerta a muchas enfermedades, pero no se ha conseguido probar que sea la causa única de ninguna de ellas.
Los efectos directos del sistema del estrés (elevación del pulso, la presión sanguínea y el nivel de azúcar en la sangre) pueden provocar o empeorar la hipertensión, la diabetes, las arritmias y los trastornos cardiacos en individuos propensos.
La cortisona se opone a la insulina, lo que empeora el síndrome metabólico, ocasionando aumento de peso, colesterol alto y enfermedad coronaria.
Muchas dolencias digestivas pueden ser provocadas por el estrés, entre ellas el colon irritable, la colitis, las úlceras y el reflujo ácido. La supresión del sistema inmunitario por el estrés te vuelve más propenso a las infecciones, incluso al resfriado común, e interfiere en la recuperación normal.
Con el tiempo se produce un cansancio de las glándulas suprarrenales y el sistema inmunitario puede volverse excesivamente activo, dando lugar a alergias o trastornos autoinmunitarios como el lupus y la artritis reumatoide.
El impacto en los huesos agrava la osteoporosis y retrasa el crecimiento en los niños. El cansancio crónico y la fibromialgia se incrementan con el estrés, lo mismo que los problemas respiratorios como el asma.
Los trastornos psicológicos como la depresión, la ansiedad, el desorden obsesivo compulsivo y el alcoholismo también se ven altamente influenciados.
El estrés crónico distorsiona claramente el funcionamiento y el equilibrio normales de los sistemas corporales.
SI REDUZCO MI NIVEL DE ESTRÉS, ¿MEJORARÁ MI SALUD O SE CURARÁ MI ENFERMEDAD?
Reducir el estrés mejora la salud. Las dolencias son más fáciles de tratar. Como generalmente las enfermedades tienen otras raíces además del estrés, en la mayoría de los casos el hecho de aliviar este no es suficiente para curarlas, pero facilitará la curación.
Recurrimos a actividades específicas para mejorar nuestra salud y prevenir la enfermedad, entre ellas una mejor nutrición, ejercicio, un buen sueño, evitar sustancias nocivas y someterse a chequeos médicos periódicos.
Según nuestra experiencia, reducir o evitar el estrés afectará a estos factores, y es tan importante como cada uno de ellos para evitar la enfermedad y promover la salud.
¿QUÉ PRUEBAS CIENTÍFICAS SUSTENTAN EL ENFOQUE DEL JUEGO INTERIOR?
El campo de la neurobiología está ayudando a proporcionarnos un conocimiento más profundo del cerebro y la mente humanos.
Las funciones del córtex prefrontal, descritas por Daniel Siegel en The Mindful Brain, abarcan la regulación corporal (equilibrio de los sistemas nerviosos simpático y parasimpático), el ajuste de la comunicación (coordinación de la información de tu mente con la de los demás), el equilibrio emocional, la flexibilidad de respuesta (capacidad de detenerse antes de la acción: la raíz de la herramienta del STOP), la empatía (raíz de la herramienta de la transposición), el entendimiento (conciencia de uno mismo), el control del miedo, la intuición (acceder a formas profundas de conocimiento) y la moralidad (lo que es mejor para todos y no solo para uno mismo). Se ha comprobado que estos centros cerebrales mantienen su capacidad de crecer hasta el último día de nuestras vidas.
El Juego Interior se centra en los múltiples recursos que forman parte de nuestro «hardware» y nos ofrece herramientas que nos permiten incrementar el acceso a estos recursos.
Las investigaciones científicas están confirmando tanto la existencia de dichos recursos como nuestra capacidad de incrementar el acceso a ellos.
¿PUEDEN LOS RECURSOS INTERNOS VENCER AL ESTRÉS?
Hay una gran cantidad de estudios interesantes que demuestran la necesidad de amar, uno de los principales recursos internos.
Rene Spitz, pediatra francés, hizo un descubrimiento importante cuando a finales de la Segunda Guerra Mundial trabajaba en un orfanato galo en el que un gran número de niños morían durante el primer año de vida.
El orfanato quería que el doctor Spitz encontrara el agente infeccioso que estaba causando las muertes, pero no pudo hallar ninguno.
De hecho, la higiene de los niños era buena. Sin embargo, observó que las cuidadoras no tomaban en brazos a ninguno de los niños ni jugaban con ellos.
Todo lo que hacían era cumplir las tareas que se les habían asignado. Cuando el doctor les pidió a las cuidadoras que demostraran afecto y jugaran con los niños, las muertes dejaron de producirse.
Harry Harlow, psicólogo estadounidense, hizo un experimento que confirma las observaciones del doctor Spitz. Crió a unos primates con sus verdaderas madres y a otros con «madres sustitutas» artificiales. Estas últimas habían sido diseñadas para tener exactamente el mismo tamaño que las madres reales. Tenían cuerpos de alambre cubiertos por telas y botellas donde debían estar los pechos para que las crías pudieran alimentarse. Los monos «criados» por las madres artificiales no podían socializar y presentaban numerosos problemas de comportamiento. Los criados por las madres reales socializaban con normalidad.
Recientemente en el Instituto Nacional de Salud se llevó a cabo un estudio con simios Rhesus que demostró que las madres con ansiedad criaban a hijos ansiosos que no se integraban bien en el grupo. Para descubrir si la causa de este comportamiento estaba en los genes o en la crianza, los investigadores se llevaron a algunas de las crías y se las entregaron a madres que no tenían ansiedad, con lo que tampoco la mostraban al llegar a adultas.
Los defensores de los animales han protestado contra estos estudios, sosteniendo que las conclusiones resultaban obvias.
Norman Cousins describió en su libro Anatomía de una enfermedad el gran potencial de otro recurso interno, el humor. Enfrentado a una enfermedad que podía ser mortal, se dedicó a ver películas cómicas y a pasarse el día riendo a carcajadas. Lo extraordinario del caso es que, gracias a esto y a otros tratamientos naturales, llegó a recuperarse de su dolencia, tras lo cual le ofrecieron el cargo de profesor adjunto de humanidades médicas en la Facultad de Medicina de la UCLA para enseñar acerca de esta experiencia.
Al pensar en los distintos sistemas nerviosos, tiene lógica el hecho de que cuando los niños crecen con mucho estrés (especialmente con abusos, violencia, ira, distancia emocional o abandono), las partes más primitivas de sus cerebros dominen sus reacciones.
Cuando, por el contrario, crecen en entornos en los que predomina el amor, la risa y los cuidados, hay más oportunidades de que sus sistemas nerviosos se desarrollen de manera saludable.
Para tener un sistema nervioso sano, los niños necesitan cuatro cosas: una base de cuidados físicos y protección, que disfrutemos con ellos y los valoremos, amor auténtico y que los veamos como seres únicos.
¿No se producirían muchos menos delitos, abuso de sustancias y enfermedades mentales si los adultos y las sociedades se hicieran cargo de satisfacer estas cuatro necesidades?
¿QUÉ PAPEL JUEGA LA ESPERANZA, OTRO DE LOS RECURSOS INTERNOS?
«La esperanza» es una de nuestras emociones centrales, pero con frecuencia no sabemos cómo definirla –escribe Jerome Groopman en su libro The Anatomy of Hope–.
Muchos confundimos esperanza con optimismo, una actitud predominante de que ‘todo saldrá bien’. Pero la esperanza es distinta del optimismo.
La esperanza no surge porque nos digan que hay que ‘pensar positivamente’, ni por escuchar unas predicciones maravillosas sobre el futuro.
La esperanza, al contrario que el optimismo, hunde sus raíces en la realidad pura.
Podemos decir por experiencia que todos los recursos internos hunden sus raíces en la realidad pura.
¿QUÉ SUCEDE CON EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO?
Con frecuencia, las experiencias traumáticas o estresantes de la infancia se transforman en una fuente oculta de estrés en los adultos.
Como el recuerdo es tan doloroso o como la experiencia sucedió a una edad tan temprana, se suele reprimir y permanece escondido para la memoria consciente.
La biología del estrés postraumático es diferente de la del estrés crónico. La hormona del estrés agudo es la adrenalina. Funciona rápidamente activando nuestros cuerpos para que puedan reaccionar de forma extrema ante una amenaza grave.
Las reacciones causadas por la adrenalina nos hacen sentir mal y nos empujan a actuar para resolver la situación.
La hormona del estrés crónico es la cortisona, igualmente producida por las glándulas suprarrenales. Moviliza los recursos corporales para una gran carga de estrés.
Algunas de las enfermedades más comunes relacionadas con este, como la depresión y el síndrome metabólico, están asociadas a altos niveles de cortisol.
Puede ser que en el estrés postraumático la reacción de la adrenalina continúe y la de la cortisona no se produzca o no sea capaz de imponerse a la sensación de una amenaza inmediata.
Sabemos que en el estrés postraumático, la reacción de la adrenalina se puede activar por circunstancias que le recuerdan al individuo el suceso original que causó el trauma.
Algunos ejemplos podrían ser un ruido fuerte en el caso de un superviviente de un combate, o un hombre desconocido y agresivo, en el de la víctima de una violación.
En el caso de traumas originados en la niñez temprana, a veces los detonantes pueden estar ocultos pero aun así provocan reacciones serias.
Parte del mecanismo del estrés postraumático es la descarga de la amígdala, que activa muchos circuitos reactivos en nuestro cerebro pensante. No podemos influir en esta activación pensando porque sucede demasiado rápido. Tratar el estrés postraumático es verdaderamente difícil.
El doctor Horton, tras ver en su consulta a varios pacientes que lo sufrían, creó un taller centrado en la sanación natural de las heridas emocionales.
El taller se dedicaba a encontrar remedios potenciales para estas experiencias.
El doctor Horton les pedía a los participantes que pusieran cada posible remedio en alguna de las tres cajas siguientes: la primera para aquello que era siempre beneficioso para todo el mundo, la segunda para aquello que no era beneficioso y podía ser perjudicial, y la tercera para aquello que era relativo: podía ser beneficioso o perjudicial dependiendo de la persona y las circunstancias.
Los grupos reconocieron cinco elementos que consideraban que siempre resultaban curativos para todos: el amor, comprenderse a sí mismo, comprometerse a mejorar, la esperanza y la aceptación de los regalos de la vida.
Esta conclusión es coherente con el enfoque del Juego Interior. La noción de que tenemos recursos inherentes que no pueden ser perturbados ni destruidos por el trauma es real y nos infunde esperanza.
Solucionar el estrés postraumático implica un gran proceso de redefinición.
La sanación comienza cuando comprendemos y aceptamos que las reacciones de estrés vienen determinadas por asociaciones con circunstancias del pasado que no es posible cambiar.
Las reacciones y el ser son dos cosas diferentes. Sabiendo esto, los recursos interiores pueden llegar a ser buenos amigos, que nos ayudan a empezar a percibir la vida como una experiencia de aprendizaje y dicha.
¿Y SI EL ESTRÉS DEL PASADO HA DEJADO UN EFECTO DURADERO EN EL CUERPO?
El estrés sufrido en la infancia puede cambiar la estructura del cerebro de manera que la amígdala reaccione en mayor medida ante los factores estresantes. En muchos casos reajusta el sistema nervioso de la persona.
A menudo el cuerpo presenta síntomas que ha acumulado tras años de soportar cada vez más estrés.
Las herramientas del Juego Interior pueden ayudar a empezar el proceso de subsanar los efectos nocivos del estrés que el organismo sufrió en el pasado.
Hay otros muchos enfoques que resultan beneficiosos, entre ellos el masaje, la medicina china tradicional –con la acupuntura–, los suplementos nutricionales, la meditación, el ejercicio, el yoga, la psicoterapia y los medicamentos.
El doctor Herbert Benson escribió sobre la respuesta de la relajación, una tendencia innata del cuerpo a relajarse, estimulada por una serie de técnicas simples de meditación.
Cuando los individuos utilizan lo más sobresaliente de la medicina moderna y de la medicina integrativa y lo combinan con los mejores cuidados personales, es posible obtener resultados increíbles.
El aprendizaje individual es la clave, porque cada persona es única y no existe un modelo válido para todos.
Además, en la niñez, aprendemos a través de las llamadas neuronas espejo, es decir, reflejamos o copiamos lo que vemos en nuestra familia y en nuestra cultura.
También podemos reflejar o copiar las emociones y pensamientos internos de quienes nos influencian.
Los nuevos modelos médicos del cambio psicológico se centran en la plasticidad neuronal, que permite el crecimiento de nuevos circuitos, en cualquier momento de la vida, que trascienden las experiencias pasadas.
¿LOS HOMBRES Y LAS MUJERES REACCIONAN IGUAL ANTE EL ESTRÉS?
Estudios recientes sugieren que los machos y las hembras de varias especies reaccionan al estrés de distinta forma.
En lugar de luchar o huir, la respuesta de las hembras podría describirse como «cuidar y hacer amistad».
Esto se ve como una respuesta evolutiva para protegerse a sí mismas, utilizando sus puntos fuertes de trabajar juntas y cuidar a los demás.
Con frecuencia la percepción de los factores estresantes también puede ser distinta en las hembras y en los machos; en el caso de los humanos, las mujeres suelen ser más conscientes de los elementos estresantes más sutiles de la comunicación y los sentimientos.
Otra diferencia es que las mujeres, cuando están estresadas, pueden concentrarse en los detalles de la situación mientras que los hombres tienden a tomar una perspectiva más amplia y filosófica del asunto.
Esto puede causar conflictos entre hombres y mujeres: ellos piensan que las mujeres se pierden en los detalles y no son capaces de ver «el cuadro general», mientras que ellas ven a los hombres como poco prácticos y ensimismados.
El Juego Interior es un terreno común para ambos sexos. Tenemos las mismas capacidades inherentes y las mismas sendas interiores hacia la sabiduría por desarrollar.
En nuestros talleres vemos tanto a hombres como a mujeres que pasan de vivir centrados en los aspectos externos del estrés a prestarle atención al Juego Interior, aumentando así su capacidad de construir estabilidad y evitar la pérdida de equilibrio.
Esperamos que hayas comprendido que, cuando se trata del sistema del estrés, la elección está en tus manos.
Puedes aceptar su activación automática o puedes hacer el esfuerzo de responder desde tu claridad y sabiduría interiores.
Todos y cada uno de nosotros tiene las cualidades que necesita para conseguir esa estabilidad interna que nos permite mantener el equilibrio en medio de las dificultades de la vida.
Sabemos que dejar que la respuesta del estrés nos domine y nos agite conduce a la enfermedad, la falta de rendimiento y la infelicidad.
Pero también sabemos que aprender a estar por encima de esas dificultades y construir nuestra estabilidad puede ayudarnos a desarrollar nuestro potencial y a disfrutar verdaderamente de nuestra existencia.
Hasta la próxima semana, espero que el artículo os haya gustado y os haya aportado valor.
Con cariño, Edgar Doménech Coach


