Cómo identificar, reducir y sanar la culpa (Psicoterapia parte I)

Bioneuroemoción | Coaching | Espiritualidad

«Hemos de comprender que los problemas no existen fuera de nosotros mismos, sino que son parte de nuestra mente que experimenta sensaciones desagradables.»

Libro: Budismo Moderno / Autor: Gueshe Kelsang Gyatso

Bienvenidos una semana más al blog donde siempre intentamos aportar soluciones prácticas ante problemas cotidianos reales de nuestr@s seguidores/as.

Está semana quise preguntar en el grupo de trabajo MENTALIDAD PODEROSA, que estaba preocupando más y surgieron varios temas que trataremos en las siguientes semanas.

Entre ellos me llamó la atención este tema tan recurrente: La culpa.

Un tema que a mí me concierne es la culpa. Me siento culpable por muchas cosas, especialmente con la familia, por no estar lo que ellos creen que debería.

 

Muy buenos días a todos. Si Edgar estás haciendo una labor extraordinaria te felicito porque abarcas todo lo que a cualquier ser humano podría afectar y eso es bueno porqué en un momento dado el ser se pierde en su complejidad y resuena solo en una cosa que es como lo mencionaba una participante arriba en los comentarios y es la culpa. Eso no nos deja vivir plenamente porque encima de las que nos estamos otorgando siempre el entorno le encanta cargarte con las de ellos también. Me gustaría que abordaras ese tema con tu Sapienza se que investigas mucho. ¡¡¡Un abrazo!!!

Así que esté artículo se lo dedico a estas dos maravillosas personas (ellas saben quiénes son pero así guardo su privacidad), y está semana de identificar, reducir y sanar la culpa, va plenamente dedicada a vosotras dos, y, gracias a ello, aportaremos un granito de luz a las mentes de muchas personas.

La culpa, es un mecanismo de proyección de la mente del ego. Nos hace creer que, «lo que sucede debería ser de otra manera», que «los demás deberían comportarse diferente», que «el mundo es injusto» o miles de autojustificaciones similares que nos hacen poner el foco fuera de nosotros mismos y perder la paz interior.

Así que como siempre vamos a usar varios enfoques para identificar la culpa, comprenderla, reducirla y finalmente sanarla.

 

1. BIONEUROEMOCIÓN DE LA CULPA

La culpa es un elemento complementario al victimismo. Este caso también implica una tendencia a pensar que lo que nos sucede viene de fuera, que son los factores externos los que nos hacen sentir de una manera determinada y cuando lo que sentimos no nos gusta, señalamos a algo o a alguien como responsable de nuestras sensaciones.

Es importante darse cuenta que, al culpar al otro, nos liberamos de nuestra responsabilidad. Esto puede ser un gran beneficio que ancle a una persona a este tipo de condicionamiento. Sin embargo, nos olvidamos que al renunciar a la propia responsabilidad otorgamos el poder a los demás y nos convertimos en víctimas.

Tal y como nos explica David R. Hawkins en su libro «Dejar ir»:

“Culpar tiene un coste: la pérdida de nuestra libertad. Además, el papel de víctima, como ya hemos visto, trae consigo una auto-percepción de debilidad, vulnerabilidad e indefensión, que son los componentes principales de la apatía y la depresión.”

La culpa, tal y como dice Hawkins en su libro «Dejar ir» es una auto-condena que reduce nuestro valor como personas. La cuestión es que siempre valoramos lo que nos sucede como «bueno» o «malo»; es automático, lo hacemos sin pensar. No nos damos cuenta de que encontramos una gran recompensa al culpar a otro de nuestra desgracia: ser inocentes.

A su vez, obtenemos la empatía de las personas de nuestro entorno y disfrutamos de la autocompasión. No es un deseo consciente, pero sin embargo es la auténtica intención que tiene el acto de culpar. De alguna manera u otra proyectamos culpa sobre el mundo que nos rodea cuando sucede algo que no es de nuestro agrado. Es justamente por este motivo que muchas personas necesitan la presencia de un enemigo.

Hawkins nos recuerda que nadie sale victorioso en el juego de la culpabilidad y que, para poder romper esa dinámica, el primer paso es darse cuenta que la culpa corresponde a una elección personal. Si dejamos de culpar, damos paso al «perdón» y al bienestar físico y mental que el mismo conlleva.

Desde una perspectiva holística, entendemos que nos relacionamos con nosotros mismos a través de los demás y que, por lo tanto, podemos convertir toda relación en una oportunidad para conocernos a nosotros mismos. Los otros son espejos en los que tenemos la ocasión de vernos y reconocernos, en los que podemos ver nuestra alma para saber lo que tenemos que trascender, lo que tenemos que sanar. Cuando aprendemos a observarnos liberamos al otro de llenar nuestras necesidades.

“Dejar ir enseña que hay que dejar de proyectar la culpa en los demás. Tomamos conciencia de que todas nuestras proyecciones al final se vuelven contra nosotros y, si las liberamos, nos liberamos. Este es el gran secreto para hallar la felicidad aquí en la Tierra.”

(Enric Corbera)

Existe otra arista dentro de la culpabilidad; se trata del placer prohibido.

Nos referimos a todo aquello que creemos no merecer. Es característico de aquellas personas a las que, cuando se les brinda reconocimiento, afirman con energía que no se lo merecen, se auto-sabotean y no se permiten disfrutar.

Esta actitud representa una desvalorización profunda que les lleva a buscar el reconocimiento en el sufrimiento.

 

*Caso práctico:

Supongamos el caso de una mujer que pierde a su hijo y se siente muy culpable. Desde entonces, no se permite disfrutar porque, inconscientemente, siente que disfrutar es «traicionar» la memoria de su hijo.

Suele suceder que, en casas de familias donde hay un miembro depresivo, en muchas ocasiones no está permitido expresar alegría o disfrute ya que «no es adecuado» en ese ambiente.

El placer se hace prohibido y se tiñe de culpabilidad, quedando asociados estos dos conceptos permanentemente.

 

*Ejercicio práctico:

Hazte las siguientes preguntas y reflexiona:

  1. ¿Por quién soy bueno y me sacrifico?
  2. ¿Qué pido de él/ella a cambio?
  3. ¿Qué te debe?
  4. ¿Qué te debes?
  5. ¿De qué soy culpable?
  6. ¿Cómo debo compensarlo?
  7. ¿Qué no me permito a través de la culpa?
  8. ¿A quién estoy compensando con esta acción (resonancia padre, madre, abuelos)?

 

2. LA PROYECCIÓN DE LA CULPA

Solamente puedes verte a ti mismo. Proyectamos en los demás nuestras creencias, nuestros valores, nuestros miedos. Vemos en los demás nuestros juicios.

Siempre estamos proyectando nuestra sombra, aquella parte de nosotros que no queremos ver, que condenamos, que no aceptamos de nosotros mismos.

Podemos proyectar nuestra santidad, nuestra divinidad y adorar a los demás, cuando en realidad nos adoramos a nosotros mismos.

 

El Curso nos dice:

«Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano, y cada uno será liberado cuando vea a su salvador en el lugar donde antes pensó que había un agresor. Este es tu papel en la consecución de la paz».

(T-22.VI.8:1-3)

 

La culpabilidad hace que el tiempo exista y que lo vivamos como lineal.

Ello es debido a que si te sientes culpable, necesitas tiempo para recibir el castigo.

En realidad, al sentirnos culpables repetimos las historias continuamente como una vulgar noria.

El ego no puede tolerar que te liberes del pasado, pues para él el presente solamente es un recordatorio de viejas heridas y de viejos rencores.

De esta manera, el ego proyecta el pasado a tu futuro y repites las historias una y otra vez.

Ello ocurre porque estás atrapado en la rueda de la culpabilidad.

 

3. LA NO-DUALIDAD Y LA CULPA

Con la culpa lo mejor que puedes hacer es no reaccionar a nada, sino actuar desde el corazón con amor, compasión, paz y dejar que las fichas caigan donde caigan.

A medida que comienzas a no reaccionar a las condiciones, encuentras que tus pensamientos se vuelven más y más débiles. Tu mente, que no es más que un manojo de pensamientos, que quieren que reacciones. Cuanto mayor es la reacción, más fuerte es la mente. Y cuanto más fuerte es la mente, mayor es Maya. Te metes en el juego.

Cuando dejas de reaccionar, a la mente no le gusta eso. Por lo tanto, traerá a colación todo tipo de cosas. Te mostrará todo tipo de imágenes, te hará sentir todo tipo de condiciones negativas, para que quieras reaccionar. Por lo tanto, tienes que observarte a ti mismo, prestarte atención, observar cómo reaccionas a las condiciones, observar la naturaleza de tu mente.

El mundo es como un jardín de infancia. Si entras en una clase de jardín de infancia y observas a todos los niños jugando: algunos se lanzan bolas de saliva, otros se tiran de los pelos, otros dibujan a Papá Noel en un papel, otros gritan, otros se ríen, otros lloran… Todos están haciendo cosas de jardín de infancia, y tú sólo sonríes, porque te das cuenta de que «yo no pertenezco a este lugar, no estoy en el jardín de infancia». Sin embargo, aprecias a todos los niños pequeños que sí están, porque te das cuenta de que crecerán y serán como tú algún día.

Lo mismo ocurre con la vida. Cuando empiezas a despertar, las cosas de este mundo pierden su sentido, pero sigues activo como cuerpo. El cuerpo se ocupa de sus asuntos, trabaja o no trabaja, da vueltas o se queda quieto, hace lo que tiene que hacer. Pero no tiene nada que ver contigo. De nuevo, tú no eres el cuerpo, no eres el hacedor. Pero el trabajo continuará. Y tu cuerpo aparecerá para hacer lo que tenga que hacer. Sin embargo, ya no te identificas con el cuerpo.

Tú eres la realidad.

Tú eres la paz.

Tú eres el amor.

Tú eres la alegría.

Eres la felicidad.

Y lo expresarás en tu vida diaria.

El mundo no volverá a engañarte.

(Robert Adams)

 

4. SANAR LA PERCEPCIÓN

El mundo que vemos es siempre una interpretación que nos habla de nosotros mismos y dicta nuestras reacciones frente a lo que vemos.

Constantemente proyectamos en la «pantalla del mundo» nuestra forma de ver y entender lo que vemos. Dicho de otra manera: proyectamos nuestros programas inconscientes, con sus creencias, sus tabúes, sus prejuicios y todas las historias del inconsciente familiar y del inconsciente social.

En cierta ocasión, Enric Corbera hablaba de cómo abordar el árbol genealógico para tratar enfermedades como la esclerosis múltiple. Tenía frente a él diez personas aquejadas de esta enfermedad. Una de ellas llevaba unos cinco años en una silla de ruedas. Cuando terminó de realizar su estudio y de hacer el «duelo» correspondiente por sus ancestros y sus programas, el enfermo empezó a temblar y dijo que tenía ganas de levantarse. Lo ayudó a ponerse en pie y pudo andar doscientos metros. Hoy en día, cuatro años después, sigue evolucionando y camina con la ayuda de un bastón.

Cuando este hecho se comentó con los doctores y doctoras que estaban presentes, resultó que más o menos la mitad no lo había visto, lo cual demuestra que no vemos con los ojos, sino con el cerebro. Sus propias limitaciones les habían impedido ver algo que para ellos era imposible.

*Otros ejemplos más sencillos: como cuando tú mujer te pide que cojas una caja de pañuelos de papel que está sobre un mueble pequeño a la entrada del dormitorio.

Miras la superficie del mueble, donde se supone que está la caja, y no consigues verla, hasta que ella exclama:

«¡Sí, hombre, la caja rosa!».

Y, de repente, frente a tus ojos aparece la caja rosa de pañuelos de papel.

¿Qué ha pasado? Que en mi casa, la caja de pañuelos de papel solía ser de color azul, y yo no la veías porque proyectas una caja de color azul y de ciertas características que la mente condicionada de cada persona conoce bien.

1) La percepción selecciona y configura el mundo que ves. Literalmente lo selecciona siguiendo las directrices de la mente.

2) La percepción es una elección, no un hecho. Pues tu creencia acerca de quién eres depende enteramente de la voz que elijas escuchar y de los panoramas que elijas ver.

3) La percepción da testimonio únicamente de esto, nunca de la realidad.

Cuando buscamos algo, siempre hemos de tener muy claro qué buscamos y cuáles son sus características, porque, en otro caso, como se dice vulgarmente, nos puede morder. Esto ocurre constantemente en nuestras vidas de una forma inconsciente. ¡Cuántos experimentos se habrán hecho en psicología sobre la percepción!

Entonces, ¿qué realidad percibo? ¿Cómo puedo estar seguro de lo que veo?

Esto se puede complicar mucho más. Me atrevo a decir que ni siquiera sabemos por qué nos enamoramos de alguien. La mente consciente da muchas explicaciones y formula numerosos razonamientos: que si es muy simpático, muy dulce, inteligente, rico, etcétera. Pero la percepción siempre está sujeta a interpretaciones, y estas son el reflejo de programas inconscientes y de nuestro estado mental.

Hay una magnífica referencia en el Curso, que también refrenda lo que digo: «La fe, la percepción y la creencia pueden estar mal ubicadas y servir de apoyo tanto para las necesidades del gran embaucador como para las de verdad».

He llegado a esta conclusión tras estudiar muchos cientos de árboles genealógicos. Estos revelan que las personas se relacionan unas con otras por programas inconscientes.

¡Cuántas parejas habré visto que no pueden tener hijos!

Conocí a una mujer que cada vez que se enamoraba de un chico resultaba que este era estéril.

Es muy cierto que Dios los crea y ellos se juntan. Son frecuentes las relaciones adictivas entre personas que tienen los mismos problemas con sus padres o sus madres. Padres ausentes o madres sobreprotectoras, por ejemplo.

Muchas personas con problemas de violencia llevan en sus programas inconscientes la impronta de que sus madres querían abortar, y muchos no se sienten bien consigo mismos porque los padres querían un hijo del otro sexo.

Por eso es tan importante sanar la mente antes de sanar el cuerpo, sobre todo sanar la mente inconsciente.

En mis sesiones de coaching y Bioneuroemoción, utilizo una mente cuántica. Sabemos que la percepción refuerza o debilita las creencias de las personas.

No creo en que la enfermedad sea casual, externa, pues la materia no puede tener capacidad de decisión.

El cuerpo se pone enfermo —mejor dicho, lo ponemos enfermo— por la manera de vivir las situaciones. Por eso consideramos tan importante sanar la percepción de las cosas.

Tener una mente cuántica significa ser conscientes de que atraemos lo que hay frente a nosotros y que esto revela nuestro estado mental; y también significa ser conscientes de que proyectamos nuestras creencias sobre la enfermedad en la persona enferma y de la necesidad de que la mente consciente controle esa proyección, pues podemos reforzar o debilitar las creencias acerca de qué es la enfermedad y cómo se la puede tratar.

Aceptar la Expiación para ti mismo significa no prestar apoyo a los sueños de enfermedad y muerte de nadie.

Hay un modo de encontrar certeza aquí y ahora. Niégate a ser parte de ningún sueño de miedo, sea cual sea su forma, pues si lo haces perderás tu identidad en ellos.

Lo que les confiere realidad a los perniciosos sueños de odio, maldad, rencor, muerte, pecado, sufrimiento, dolor y pérdida es el hecho de compartirlos.

Soy responsable de lo que veo, elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí.

Voy a proponer una hipótesis de trabajo, antes de entrar en la mente cuántica y después de haber desarrollado el verdadero poder: Todo el mundo debería saber que los pensamientos son energía.

Multitud de experimentos demuestran que, cuando pensamos en algo concreto, en nuestro cerebro creamos una tormenta de luz. Esta luz está conformada por bits de información.

Por lo tanto, los pensamientos son entidades físicas, aunque no tengan masa cuantificable. Se expresan de dos maneras: la conciencia (forma explícita) y guardados en la mente en forma de recuerdos (forma implícita). Dicho de otra manera: cuando somos conscientes, la energía es corpuscular, y cuando almacenamos el recuerdo, la energía se transforma en ondas de información o bits.

Cuando experimentamos un recuerdo o tenemos una idea genial, ¿dónde está almacenado este recuerdo o esta idea? Uno es pasado y el otro obviamente es futuro, y ambos se manifiestan en mi teórico presente.

Esto lleva a suponer que toda la información ya está presente en forma de ondas de interferencia, a la espera de que mi mente sea receptiva a ella.

¿Cómo mi mente puede ser receptiva? Para ello es necesario que sea libre, y esto se consigue cuando la mente no refuerza nada de lo que observa. Así libera lo observado, deja espacios vacíos, sin pensamiento, donde la mente puede recibir informaciones diferentes.

Informaciones que están por encima del pensamiento que antes la mente vivía; pensamientos de orden superior; más holísticos.

De esta manera, la mente se libera y, como consecuencia, también lo hace el cuerpo. Entonces se alcanza una percepción perfecta, libre de todo juicio.

Cuando percibes correctamente cancelas tus percepciones falsas y las de los demás simultáneamente.

 

10 CONSEJOS FINALES PARA DARTE CUENTA DE TU PROYECCIÓN ERRÓNEA DEL MUNDO QUE VES

1) Las interpretaciones que haces de las necesidades de tu hermano son las interpretaciones que haces de las tuyas propias.

2) Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que tienes de ti mismo mientras perdure la percepción.

3) No atribuyas a tu hermano tu propia negación de la alegría.

4) Todo lo que ves afuera es el juicio de todo lo que ves dentro.

5) Los consejos que tú das a los demás son los consejos que tú necesitas.

6) Cambiar al otro es fácil, cambiar yo es difícil. Pero resulta que el otro piensa lo mismo que tú. Y siempre estamos así.

7) Pues la mente que juzga se percibe a sí misma como separado de la mente a la que juzga creyendo que al castigar a otra mente puede liberarse del castigo.

8) Cuando te hayas visto a ti mismo en tus hermanos te liberarás y gozarás de perfecto conocimiento.

9) Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano y cada uno será liberado cuando vea a su salvador en el lugar donde antes pensó que había un agresor.

10) Nadie me está haciendo esto a mí sino que soy yo quien lo estoy haciendo a mí mismo.

 

Hasta la próxima semana. Espero que os haya gustado el artículo y os haya aportado mucho valor. Gracias, gracias, gracias por leerme una semana más.

Con cariño, Edgar Doménech Coach

 

Edgar Doménech Coach – Más de 20 años de experiencia en el ámbito deportivo y de la salud.

 – Entrenador personal y Monitor de Culturismo por la Escuela Nacional de Entrenadores.  

– Coach de Nutrición y Salud por el Instituto de las Ciencias de la Nutrición y la Salud (ICNS).

– Diplomado en Bioneuroemoción por Enric Corbera Institute.

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