Modelo de coaching SMART (Coaching parte II)

Coaching

EL Método SMART fue publicado por primera vez en 1981 por George T. Doran en un artículo que tituló

“Hay una manera inteligente para escribir metas y objetivos de la administración”

con el fin de poder alcanzar objetivos de forma eficiente e inteligente.

Fijación de objetivos

Objetivos claros son uno de los elementos básicos en cualquier proceso de coaching. Si el atleta no tiene una visión clara de lo que persigue es muy difícil que lo logre.

En primer lugar estarían los objetivos motivacionales o “Stretch” (ya que implican “estirarse” para lograr algo más alto de lo que se considera realista actualmente). Este tipo de objetivos son una forma también de cuestionar las creencias del propio atleta. Un ejemplo puede ser “lograr una medalla de oro en los próximos JJOO”.

Algunos expertos recomiendan colocar este tipo de objetivos en un lugar visible, como el espejo del baño o encima de la cama. Esta visualización constante ayuda a mantener la motivación y a cambiar poco a poco las creencias establecidas.

El problema de los objetivos de “Stretch” es que no ofrecen una guía clara de acción.

Para esto se propone el uso de la metodología SMART. Cada una de las siglas representa una característica que deben cumplir todos los objetivos fijados en el siguiente nivel:

• S (Specific): Los objetivos deben ser lo más específicos y concretos posibles. Objetivos como “mejorar mis tiempos de carrera” o “ganar fuerza” no son específicos, y deberíamos convertirlos en objetivos como “correr la maratón en menos de 3:30h” o “levantar 120 Kg en press de banca”.

M (Measurable): Los objetivos deben ser medibles, y deben establecerse las métricas que permitan analizar cómo de cerca o lejos estamos en cada momento.

• A (Attainable): Los objetivos deben ser alcanzables a la vez que ambiciosos. Deben plantearse metas realistas considerando el tiempo, recursos y capacidades disponibles.

• R (Relevant): Cada objetivo debe tener su por qué, y estar alineado con las grandes metas que persigue el atleta a largo plazo. En algunos casos la “R” se refiere también a realista, complementando el punto anterior.

• T (Timely): No solo deben definirse objetivos específicos en su alcance, también en el espacio temporal en el que se quieren lograr. Completando los ejemplos de antes, quedaría en algo como “correr la maratón de octubre de 2022 en menos de 3:30h” o “levantar 120 Kg en press de banca en la competición de powerlifting de marzo de 2023”.

A nivel fisiológico, sabemos que definir además objetivos concretos para cada sesión de entrenamiento condiciona al gobernador central para generar la señal de alarma más tarde, aceptando un nivel mayor de esfuerzo que si no se define un objetivo específico.

Es interesante también distinguir entre objetivos de resultado, como los que acabamos de mencionar, y objetivos de proceso (también llamados de comportamiento o tarea).

La diferencia principal es que los objetivos de resultado no dependen únicamente del atleta. Por mucho que se prepare es posible que pierda la competición o que no alcance su marca deseada. Hay otros muchos factores en juego: el resto de competidores, los árbitros, la climatología etc.

Sin embargo, los objetivos de proceso están ligados a comportamientos y no a resultados, y por tanto dependen exclusivamente del atleta. Por ejemplo, un objetivo de proceso sería entrenar 5 días a la semana y realizar dos prácticas de visualización semanales.

Edgar Doménech Coach – Más de 20 años de experiencia en el ámbito deportivo y de la salud.

 – Entrenador personal y Monitor de Culturismo por la Escuela Nacional de Entrenadores.  

– Coach de Nutrición y Salud por el Instituto de las Ciencias de la Nutrición y la Salud (ICNS).

– Diplomado en Bioneuroemoción por Enric Corbera Institute.

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